Mundial de atletismo de Londres. Prueba de los 100 metros libres.

La cita estaba diseñada como una fiesta para el lucimiento de Bolt en su última aparición en las pistas, donde luchaba por conseguir su cuarta presea de oro en la distancia en unos mundiales.

Todas las miradas de público y flashes buscaban al atleta más grande del momento.

Junto al jamaicano, los estadounidenses Chris Coleman y Justin Gatlin, quien volvía a competir tras su sanción de cuatro años, tras dar positivo por segunda vez. En principio, invitados VIP a la fiesta, que debían, sobre el papel, escoltar al mito en el pódium.

Este último entraba con mal pie en el estadio. Debido a sus antecedentes antideportivos, fue recibido entre pitos y abucheos por parte de un público implacable. Nadie contaba con él.

Pero nada salió como estaba previsto.

Gatlin, se colaba entre los favoritos y daba la sorpresa en el tartán. Había vencido  en la prueba reina de la velocidad. El americano entraba en meta con un tiempo de 9,94s.

La plata fue para su compatriota Coleman y el bronce, para Usain Bolt.

Se despide así, de manera agridulce, el velocista más grande de los últimos tiempos.

Abran paso a una nueva era en el atletismo mundial.

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